viernes, 30 de julio de 2010

Bélgica

El viernes 11 empezó la pequeña aventura sin saber dónde dormir el sábado, pero dispuesto a correr el riesgo de dormir en una iglesia ;) Así tomé un bus al aeropuerto de Bratislava, donde cogí el vuelo hasta Charleroi. Sobre las 5 pm pisé suelo belga por primera vez, y cogí un bus que me llevó hasta Bruselas, a la Gare du Midi. Esta estación es inmensa, y después de perderme un poco, logré sacar el billete para Louvain, donde dormía esa noche. El vendedor me indicó el andén y cuando ví llegar el tren me monté. Hasta ahí todo bien, si no fuera porque pasados más de 30 Km, después de intentar localizarme en el mapa de carreteras, me dio por preguntar a una chica si el tren iba a Louvain. Resulta que sí, pero a Louvain-la-Neuve (algo así como Sevilla y Sevilla La Nueva (Madrid)), que no era lo que yo buscaba, así que me tuve que bajar en Otignies para tomar otro tren a Louvain, esta vez el correcto. Al menos disfruté del paisaje belga en Flandes y Valonia, partes francófona y holandesa del país. Resulta chocante cómo en poco tiempo pasas de oír francés en Wallonie a leer señales en holandés, en Flandes.

Llegué a la estación de Leuven cuando anochecía, intentando encontrar como un loco la calle del albergue. Por suerte estaba cerca de la estación, pero me perdí un poco pese a las indicaciones (los nervios), y a las 9:50, 10 minutos antes del cierre del check-in, llegué al hostal aliviado por tener un sitio donde dormir. El hostal en sí estaba muy bien, era económico y el staff era muy agradable. Después de acomodarme y con un buen mapa en la mano, salí a ver el centro y a cenar algo en el McDonald's que, cómo no, me salvó el cuello. El ambiente en Leuven es muy bueno, especialmente en el Oude Markt (siguiente foto), una plaza llena de bares con terrazas (conocido como "bar más largo de Europa") donde había un ambiente muy universitario. Allí ví un puesto de frites y me quedé sin probarlas por haber ya cenado... Y el centro es muy bonito, esta ciudad me encantó desde el primer momento y aunque es una desconocida, la recomiendo sin duda. La zona de Grote Markt es muy pintoresca en cuanto a arquitectura, así como la biblioteca de la Universidad.


El día siguiente lo reservé para Bruselas, así que después de dar una vuelta matinal para hacer mejores fotos con luz (mi cámara es mala para hacer fotos de noche), cogí el tren que me dejó en la estación Bruxelles Central. En unos instantes llegué al centro, pasando por la Plaza de España (nada especial) y detrás de la misma Chocopolis, un negocio de chocolates de producción propia donde me atendió una chica que hablaba un español perfecto. Después de callejear un poco llegué a la Grand Place, Plaza Mayor de Bruselas, visita obligada. Destaca prominente el edificio del Ayuntamiento.


El siguiente icono bruselense era el Manneken Pis, así que lo busqué pasando todo tipo de comercios de chocolate y gaufres. El Manneken Pis es una estatua diminuta de un niño orinando, ese día vestido con traje escocés, pero que atraía a tanta gente que era imposible hacerse una foto en condiciones con el niño. Inmediatamente después de eso no pude evitar probar un gaufre, no típico de Bruselas (simple con azúcar), sino con helado de chocolate belga y sírope de chocolate, una auténtica delicia.


Seguí paseando hasta encontrar la oficina de Use It, que tienen información para gente joven, con unos planos muy originales hechos por locales (con visitas de interés para jóvenes como pubs con la cerveza más barata, lugares románticos, o el museo de las "Frites") de las ciudades belgas importantes y ordenadores con conexión a Internet gratis, y salí del centro hacia el hostal que tenía reservado para la noche del domingo (pero no la del sábado), a ver si por casualidad tenían cama y tenía donde dormir esa noche. Visité en el camino la catedral, de corte gótica, que pese a ser bonita está muy deslucida por los edificios que la rodean, demasiado modernos.


Ya en el hostal me dieron la gran noticia de que sí había cama, así que tenía alojamiento allí para las dos noches restantes.

La siguiente visita era al Atomium, en las afueras de la ciudad, así que tuve que coger el Metro (lo cogí gratis porque no sabía cómo comprar el billete con una tarjeta rara) y paré por la zona de Heysel, donde está el homónimo estadio, por desgracia conocido por unos desgraciados incidentes hace 20 años en una final de Champions. Desde allí veía tanto el estadio como el Atomium, que simboliza la creencia de que la energía atómica salvaría el mundo.


Volví de nuevo al centro y la siguiente parada era los órganos de la Unión Europea localizados allí: Parlamento Europeo (otra sede en Estrasburgo), Comisión Europea y Consejo Europeo. Destacan todos por ser muy majestuosos y enormes. Por desgracia no pude visitarlos por ser sábado.

Seguí andando con el objetivo de visitar todo lo posible en ese día y pasé por la cercana Matongé, un barrio africano dentro de la ciudad, lo que me pareció muy curioso y más en pleno Mundial de Sudáfrica. De hecho tenían un local donde ponían fútbol gratis con varias butacas donde ví un poco del Argentina-Nigeria.


Seguí paseando por el anillo que rodea el centro de Bruselas y degusté un exquisito helado de chocolate belga de Häagen-Dazs (bien pagado, eso sí). Ví el Palacio de Justicia por fuera y dí otra vuelta por el centro pasando entre otros por el Sablon, el Palacio Real o el Museo de Instrumentos Musicales (en la foto), de estilo Art-Nouveau:


De vuelta hacia la Grand Place, que no me cansé de ver, visité una tienda chocolatera y otra de galletas muy variopintas (como la que hay en la calle Sierpes en Sevilla). Pasé por la Bolsa y compré algo para la cena en un super no muy barato (Delhaize). Aún me quedaba por ver a la Jeanneke Pis, estatua de la hermana de Manneken Pis escondida en una callejuela llena de restaurantes que vendían mejillones para los que se los puedan permitir.

Ya de vuelta en el hostal conocí a mis compañeros, un griego y dos asiáticos con los que estuve hablando un buen rato mientras escuchábamos abajo a una pareja africana cantando con guitarra ante la desesperación del griego, que sacó su vena racista para insultarles en un inglés muy claro (vive en Bolton).

Al día siguiente tenía programado Ghent y Bruges y, si tuviera tiempo, Antwerp (Amberes). Salí por la mañana a Brugge, y al entrar en el centro me dí cuenta de que sin duda era la ciudad más bonita de Bélgica: una ciudad esencialmente medieval, con varios canales cruzándola. Imprescindible en un viaje a Bélgica. Francamente no sé los nombres de muchos edificios que ví por mi tour por el centro, sólo reconozco la Grote Markt con un castillo y edificios tradicionales belgas, algunos de ladrillo descubierto, de lo más estético arquitectónicamente hablando a mi gusto.

                                          

Una foto que no puede faltar allí tampoco es la de un canal con el castillo de fondo, sin duda muy romántico (ahora salgo yo, que se demuestre que he estado allí de verdad ;)):


Lo más curioso fue que encontré un par de veces en dos puntos distintos a dos enfermeras de Vigo, que me propusieron (al estar solo) irme con ellas a seguir visitando algo de la ciudad e ir en su coche alquilado a Ghent. Así que al menos pasé algo del día acompañado y entretenido. 

Dejamos Brugge y después de dar alguna vuelta que otra por Ghent, llegamos al centro y sin creérnoslo pudimos aparcar en un puente, St.-Michielsbrug, justo al lado de los monumentos de interés. En no mucho tiempo vimos la Sint-Niklaaskerk, Belfort (campanario al que subimos) y Sint-Baafskathedraal o el Gravensteen, castillo de los condes de Flandes, que una vez fue español (y curiosamente encontré muchos españoles turistas allí).


Ghent es bonito, pero desde luego muy lejos de la belleza de Brujas. Las chicas me dejaron en la estación de ferrocarril para volver a Bruselas (ellas dormían en Brujas). Antwerp lo descarté puesto que no me llamaba mucho la atención por ser la ciudad de los diamantes y pasadas las 6:30 estaba ya en Bruselas. Gracias el horario europeo tenía aún muchas horas para aprovechar en la capital, así que fui con el griego a un pub irlandés en el centro a ver mi primer partido del Mundial, el debut de Alemania contra Australia, que se saldó con un 4-0 para los teutones.

EL lunes 14 se acababa todo, así que cogí el bus al aeropuerto de Charleroi, en el que encontré a una chica ucraniana muy maja que adoraba sinceramente Madrid, da gusto encontrar gente así :) A las 12:20 salía el vuelo a Bratislava y dejaba un país con poco cartel turístico, pero muy interesante para 1 visita.

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