jueves, 2 de septiembre de 2010

Hasta siempre, Viena

El lunes empezaba ya la cuenta atrás para la vuelta a España y el final de un Erasmus que se había ido muriendo poco a poco y ya estaba en las últimas. Ese día tocó trabajar un poco más grabando muestras de audio.

El martes 6 me fui del hostal y busqué otros más baratos...después de un gran paseo, conseguí dos para esa noche y la siguiente, pero la aventura tuvo el riesgo de que por momentos me veía durmiendo en la calle :D Al final salió bien y de hecho el hostal de esa noche era muy económico, sólo 11 euros. Esa tarde quedé con Irene para ir a la Musikverein, a la que ella no había ido aún, y después de llegar tarde por un despiste, me encontré que a Irene no le estaba gustando el concierto y se fue en el descanso a seguir estudiando, mientras yo ví la segunda parte, eso sí, echándole un poco de cara y sentado después de comprar un ticket de pie (sobraban asientos, que conste :D). Ya por la noche ví lo que pude del Holanda - Uruguay, ya que estuve paseando bastante hasta que acabé cenando un kebap en Stadthalle.

El miércoles 7 era el gran día de la semifinal -que nunca habiamos jugado en la historia- contra Alemania. Después de intentar sin éxito recoger un paraguas que había dejado en la Musikverein, fui con mucho tiempo de antelación al Strandbar Herrmann (un chiringuito de playa junto al Danubio donde se puede ver el partido en abierto donde me apetecía ver el partido solo para poder seguirlo sin distracciones), lleno de alemanes que no paraban de animar a su Mannschaft (selección). Pese a la antelación, ya había una cola inmensa para entrar, pero con paciencia y un accidentado pisotón en mi pie descubierto (llevaba chanclas), pude entrar.


A pesar de ser clara minoría y sufrir bastante durante el partido, el resultado fue favorable y no dudé en celebrar el gol junto con 4 gatos más. Los pobres alemanes iban desolados pero fueron pacíficos, mientras que los españoles y austríacos que apoyaban a España gritaban por la cercana Schwedenplatz sin parar. Esa noche salí un poco a dar una vuelta por Viena, ya que sería mi última noche en la ciudad, y no pude dejar de ir a MQ con sus enzis y su ambiente único. He aquí un enzi:


Por desgracia no había mucho ambiente esa noche y me quedé con ganas de más.

El jueves conseguí cerrar mi cuenta bancaria, entregar el CD del proyecto e imprimir mi billete de avión. Por la noche estuve con Irene y Carmen cenando en el centro en una crepería y nos tuvimos que volver rápido porque tenía el tiempo justo para volver a casa de Irene y recoger mi equipaje para coger el tren al aeropuerto, donde pasaría la noche hasta que saliera mi vuelo. Así cogí el último tren de la noche y pasé la eterna noche en vela para controlar mis pertenencias, aunque al menos con conexión a Internet en el McDonald's. Después de facturar no sin problemas y embarcar, tomé el vuelo programado para las 6:35. 

Se acababa todo, una experiencia única e irrepetible, donde he conocido a mucha gente de muchos países y formas de pensar, he convivido con Sebastián en el día y día bastante bien y he sabido ser más independiente, me he divertido y aprendido más alemán e inglés y he visitado muchos países nuevos. Así se acaba este relato de un viaje inolvidable, he conseguido llegar al final aunque con retraso. Quedará siempre como un diario personal con el que revivir esos momentos. A pesar de todo estoy convencido de que algún día volveré. Hasta siempre, Viena.

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